El tiempo de Atreyu

IMG_0393El tiempo de Atreyu es el tiempo de los niños y de la poesía.

Es necesidad limpia de conexión. Sin ruido. Shhh. Con piel.

Es el estallido final de lo semántico en mil piezas que significan más allá de lo que puede ser comprendido.

Yo, que te paro y te cuido, soy la máxima expresión de estar. Tú, hijo mío, con tus urgencias, eres la total y ardiente expresión de ser. Juntos formamos el conflicto conceptual más antiguo. Está escrito en nuestros cuerpos, que son cuerpos comunicantes y líquidos. Somos un dique abierto de verdad majestuosa.

Yo, texto manchado de gasolina y vino, transmuto en una redención de leche que cuidaré con apoyo de la poesía (guardiana sobria de nuestra carne pulsátil frente a la industria feroz).

Yo escribo para ti, Atreyu, y a tu través, para asegurarme de que siga habiendo algo por lo que la vida merezca ser vivida, para asegurarme de que sigues latiendo todavía.

Parir y criar en feminista y anticapitalista

El discurso antimaternal en el feminismo es un viejo conocido. Y a veces se diría que es la única alternativa a la mentalidad patriarcal en torno a la reproducción femenina. Sostengo, sin embargo, que denostar “lo materno”, “las madres” o “lo bebé” es quedarse a medio camino en la subversión feminista de la vieja maternidad. Si nos quejamos del hecho en sí, en lo biológico y en lo social, y de las personas implicadas (persona y personita), estaremos tomando víctimas por victimarios en una confusión de la que, de nuevo, los verdaderos culpables salen intactos. Abandonar esa posibilidad nuestra de dar vida en una célula rosiazul fagocitada por el aterrador patriarcomercado es un acto de irresponsabilidad en que desde algunos feminismos se tropieza con alevosía.

 

Se trata de una muy buena noticia que se publiquen tantos textos sobre mujeres que paren y crían vistas en relación con su medio socioeconómico. (Por ejemplo: esteeste o este). No obstante, a veces la deconstrucción que se hace del fiasco antropológico en que han convertido la experiencia marental parece ser ciega a las estructuras y entidades que llevan interés en mantenerla en ese estado. Se critican opciones de crianza, se revuelca una en (el conservador subterfugio de) sentirse malamadre, se estereotipa a otras mujeres, se queja una de las muchas demandas del bebé… de modo que acabamos dándole la espalda al problema real que tenemos: que en este sistema, cuando nos embarazamos, parimos y criamos nos están obligando a hacerlo en precario, solas y empobrecidas, sin los recursos económicos, sociales ni emocionales necesarios para afrontarlo. Y que, en realidad, traer personas al mundo es una potencialidad de algunos cuerpos, de nuestra sexualidad, que aunque se nos haya arrebatado por el patriarcado neoliberal (o mucho antes, en realidad), no es patriarcal en sí misma. Si desde el feminismo no vislumbramos otra forma de proyectar la maternidad en la pantalla del pensamiento colectivo y nos limitamos a repudiarla y afearle sus malas costumbres, el robo de la experiencia será doble, y el segundo ataque mucho más doloroso, como un gol en propia puerta.

 

Pongamos como ejemplo esta interesante columna de The Guardian, de Cerys Howell, publicada ayer. Coincido con la autora en que la infantilización de las mujeres que paren y/o crían es horrenda, un insulto a nuestra inteligencia. Yo personalmente tengo como consigna evitar todo aquello que, escrito en español peninsular, incluya la palabra “mamá” (término usado por las niñas y los niños, mientras que en Hispanoamérica es la genérica y por tanto no es una señal de alarma). Todo ese blablá forma parte de —una vez más— un nicho de mercado que reporta a las empresas exuberantes beneficios. Y señala a esa porción de mujeres que se esconden tras una determinada performance de abnegación para desaparecer tras sus hijas e hijos.   Pero… ¿si porque nos parece opresor las feministas nos alejamos de “lo maternal” en lugar de emancipar nuestras maternidades, no estaremos contribuyendo a apuntalar la narrativa oficial, patriarco-liberal, de una única maternidad abnegada, unidimensional, rosiazul, de babyshower y resabios cincuenteros?

 

Le encuentro los siguientes problemas a la crítica a la maternidad contemporánea de Cerys Howell:

  • Nadie tiene que irnos dando consejos/juicios de crianza no solicitados. ¡Basta! Es culpa del mismo paternalismo con que nos tratan desde las baby apps y sus ositos de peluche; sin embargo, lo que debemos hacer para protegernos es unirnos y organizar campañas para que vaya calando el mensaje y las suegras, vecinos y viandantes se lo piensen dos veces antes de importunarnos con sus críticas. Es decir: el problema es la irrupción y la condescencia, no la crianza con apego de Bowlby, ni quienes por muchos motivos (muy alejados de lo neoliberal) creen en ella. (Léase, por ejemplo, a Casilda Rodrigáñez.)

 

  • ¿Por qué la alternativa a estar sola en casa con el bebé tiene que ser incorporarse a un puesto de trabajo en el mercado laboral capitalista? ¿No debería ser estar en casa (y en la calle) (y en locales públicos)  acompañada, en lugar de sola? Se deben organizar actividades para mujeres de baja por maternidad que refuercen la socialización, la construcción de redes de apoyo, los aprendizajes en grupo, etc. 

 

  • Tejer una culpa plañidera malamadrista y echártela después sobre los hombros es hacerle el juego al sistema que considera que la responsabilidad de la crianza es únicamente de las mujeres. Ya se sabe: socialización de las pérdidas, privatización de las ganancias. Allá te apañes tú con la criatura hasta que tenga edad para alistarse en el adoctrinamiento escolar y el mercado de explotación. Esto es un orden infame y debe ser subvertido. No lo confirmes culpándote, derríbalo culpándolo.

 

  • La generalización acrítica de la depresión postparto me parece peligrosa. Se está tratando médica, individualmente, un problema que es social. Que no nos empastillen para paliar los efectos de la soledad, la ignorancia, el miedo y demás desastres derivados de no criar en colectiva.

 

  • Como no queremos que critiquen nuestra crianza, no debemos hacerlo con la ajena. Burlarse de las criaturas que han pasado un año en casa asegurando que no podrán despegarse de las faldas de sus madres para los restos es, de nuevo, contribuir a la estereotipación de la maternidad y, de paso, tirar piedras sobre nuestro propio tejado aplaudiendo a empresas y legisladores por mantener las irrisorias bajas con que nos castigan en el sur de Europa.

 

  • El apoyo gubernamental a la lactancia es un hito feminista y anticapitalista. Cansan y confunden esas insinuaciones de un supuesto talibanismo tetil, porque aunque ninguna mujer debe ser bajo ningún concepto criticada si por lo que sea no desea amamantar, lo cierto es que hasta hace pocos años las empresas de alimentación tenían vía libre para difamar la leche materna, mintiendo sobre ella y extorsionando. Lo hicieron y lo hacen donde pueden engañando a mujeres (por la vía de sobornar a pediatras) sobre la calidad de su leche y sus posibilidades de mantener a las criaturas con vida. Repito: empresas-engañan-mujeres-sobre-vida-criaturas-para-ganancias-descomunales. Así que… no, lo siento, apoyar la lactancia no es el crimen, es la compensación. Luchemos por garantizar la libertad de decidir, pero que sea informada (de verdad, no por entidades económicas que tienen algo que ganar en el asunto). No más burlas a las tetas. (Yo no he hecho nada más revolucionario ni anticapitalista en la vida.)

 

  • Desde luego que no cambiamos ni nos volvemos otra persona cuando damos a luz, no nos enamoramos necesariamente de la criatura al instante, y… en fin, fetichizar cualquier parte del proceso es lacrar el estereotipo social del género mujer con más paletadas de ignominia. La lucha, entonces, ha de estar en que no se proyecten ideales inalcanzables y no genuinos, como se hace con la imagen mediática de nuestros cuerpos. No obstante, quizás antes que ridiculizar a mujeres que expresan este tipo de vivencias, aunque sean discurso reproducido, habría que señalar como factores del desencanto la muy extendida violencia obstétrica y la medicalización de los partos corrientes, que deshumanizan la experiencia y recaen una y otra vez en la degradación y el maltrato a las mujeres que los padecen.

 

  • Personalmente, me parece escalofriante la idea de dejar a un bebé en la guardería a los cero meses. No soy experta en psicología infantil, pero entiendo que los seres humanos necesitan apego con pocas personas durante un tiempo para poder irse adaptando a las circunstancias del mundo de fuera del útero. Y que ese apego, si es posible, no sea mercenario desde el primer día. Si de no estar nunca con el bebé se trata, entonces apaga y vámonos. No es que sea feminista, sino más bien contradictorio.

 

Pese a que este en gran medida en desacuerdo con la autora del artículo, creo que es necesario que todos los distintos testimonios de maternaje, crudos y críticos, estén ahí, a la luz: hay que dejar de vivir de acuerdo a ciertos mitos televisivos que envenenan y hay que darle publicidad urgente a todos los casos de violencia de género en torno al embarazo. Hay que hacer campañas, necesitamos un movimiento social para luchar por nuestros derechos, entre ellos el de crear nosotras nuestra propia imagen y que dejen de distorsionarnos, maltratarnos y aprovecharse de nuestra experiencia de reproducción para su beneficio. Para empezar, internet tendría que llenarse de historias de hormonas, hemorroides, bragas de rejilla y rebeldías gordas y húmedas como las henchidas compresas del postparto. Y de protestas por cómo nos tratan el personal médico, las parejas, las familias, los espontáneos, etc., a lo largo de todo el proceso.

 

El feminismo es la única esperanza para la maternidad y la maternidad para el feminismo, sostengo. Si no nos ocupamos de las maternidades, las estaremos dejando al albur de los intereses del patriarco-capitalismo, que cometerán con ellas peores fechorías de las que ya han venido perpetrando durante su larga historia, como ya estamos viendo. Y  por otro lado, si las mujeres que paren y/o crían no se sienten identificadas en la lucha feminista porque las ignora o subestima su capacidad subversiva, estaremos sacrificando un enorme potencial de fuerza revolucionaria para la causa emancipadora.

Anticapiteta

Perdóneseme lo esencialista de la imagen, pero… si coincidimos en los siguientes presupuestos:

  • Las leídas como mujeres, en tanto que grupo oprimido en esta sociedad violenta, no deben ser criticadas por las decisiones que toman para vadear en ella, o no es ese el objetivo del movimiento feminista
  • La crianza debe ser compartida entre progenitorxs (en realidad por el colectivo social), pero que dos personas emprendan un trabajo común no significa que tengan que realizar las mismas tareas idénticas dentro de lo que este implique. La paridad debe darse en los niveles de responsabilidad, esfuerzo y tiempo
  • Hay espacios en que se oprime en lo simbólico a las que no quieren dar teta, pero también se oprime en la práctica a las que sí. ¿Desde cuando una opresión por existir supuso que no existiera la contraria, especialmente cuando de oprimirnos a nosotras se trataba?
  • Lo gratuito y que se consigue sin intercambio económico de por medio es ecológico y anticapitalista. Lo que se produce, anuncia, empaqueta, especula, vende, compra, desempaqueta y tira no lo es
  • Cuando estamos de baja laboral por maternidad debemos depender económicamente del estado, no de nuestra pareja. Luchemos por un permiso respetuoso con la lactancia y todos los cuerpos implicados. Dieciséis semanas no bastan
  • Cuesta aprender la lactancia. Todas las personas que han parido pueden dar de mamar, pero hay que aprenderlo. Es como la lengua: tienes la capacidad, por humana, pero has de desarrollarla por imitación de otras congéneres

 

¿Qué argumentos quedan para considerar feminista y liberador el no amamantamiento? En los setenta, vale, por el momentum, ¿pero ahora?

En mi vivencia, la teta lactante es consecuencia biológica del embarazo y el parto, es gratis, da gustito y yo leo a chorros tumbada mientras personita come (estoy leyendo mucho más que cuando trabajo). La leche llega lista a cualquier parte a la que vaya (y voy a muchas), y ni me gasto un duro ni estoy en la cocina hirviendo utensilios. No entiendo el feminismo antiteta, y me regodeo con alegría en la anticapiteta, compañeras.

Ni soy “madre” ni “tengo” hijos

Baby-sitter Nanny Children EducatorDesde hace unos meses, vivo con una personita. Es un humano pequeño, todo cuerpo caliente y emocionalidad. Quise hacerla y que pasara a través de mi cuerpa, y fue posible (como podría haberlo sido de muchas otras formas) gracias a la química y al discurso de dos físicas, la mía y la de J, que se relacionan en positivo. Por convención de esta sociedad, a bebé le vamos a proveer de ciertos bienes y a protegerla hasta que tenga una edad determinada. Eso no es “tenerla”, es ser responsable temporal y agente de su vulnerabilidad. En cuanto sepa que tiene un nombre, pueda moverse e irse diciendo, vaya si se tendrá a si mismo el angelito.

Cachorro se nutre de mi cuerpa, no solo como alimento, sino también en lo emocional (ante una experiencia nueva me mira con ojos muy grandes y si río, ríe; y si me ve preocupada, llora), el movimiento, la temperatura, los estímulos, etc. Es chiquitita, está por terminar y no le corresponde aún estar ni ser sola. El continuo entre nosotras tiene que ver con el apego material de su procedencia y su necesidad. Yo, en mi posición, podría ser sustituida por otra persona que diese calor y nutriera en lo vital para que bebé siga viva y crezca sana.

De ahí que yo sea quien la cría, pero no sea su madre. La madre es una categoría de la violencia patriarcal desde tiempos de Medea y Andrómaca (léase a Victoria Sau), que hemos sufrido ya lo suyo como hijas  y que cuesta mucho desmontar, como para ponerse a reconstruirla. No en mi cuerpo. Ni en el suyo. Mientras yo tenga algo que decir para protegerla.

Se hace saber

…y apareció la pregonera, que dijo:

Por ordeeeen

de mi poderoso coño

se hace saber…

  • Los primeros tres meses de embarazo es muy frecuente que haya que sobrellevar náuseas constantes, dolor de pechos, fatiga y otros síntomas que pueden consumir toda tu energía diaria. Al mismo tiempo, tienes que fingir que no pasa nada por miedo a perder un contrato u otras oportunidades —mientras escuchas y lees por doquier que las primeras doce semanas es  muy fácil que el embrión muera—. (Y también mientras la gente alrededor va conjeturando  a tus espaldas sobre tu estado.) Tortura.
  • Las embarazadas necesitan sentarse en los autobuses y el metro desde el principio. No ya tanto por el peso que cargan, sino por paliar el impacto de los frenazos, el miedo a caerse y a los golpes en la tripa.
  • La recién parida existe también después del parto. Existe y sangra. No vengas con un body de regalo a hacerle fotos al bebé con flas. Ella está exhausta, confusa, dolorida y muy necesitada de tu comprensión, tu interés, tus cuidados y ¿por qué no? un detallito que la ponga contenta. La diferencia para su sensible estado puede ser enorme.
  • Criamos desde nuestras tripas, tu opinión sobre cómo lo hacemos sobra. No presupongas que lo haremos como tú quieres. No dañes aun sin querer. Calla, observa y ayuda.
  • (El detallito puede ser un libro, algo de cosmética natural o, mejor aún, una enorme lasaña casera.)
  • Amamantar es como hablar: una capacidad natural que requiere de un aprendizaje social. Hoy en día son millones las lactancias maternas abortadas por desinformación y falta de apoyo (cuando no mentiras deliberadas desde la profesión médica: no hay mujeres sin leche). El problema es que no vemos a bebés mamando, y cuando nos llega el día, no sabemos dar de mamar. Pon una teta en la calle, mira las tetas jugosas de tu alrededor.
  • Es un crimen echarle colonia química a los bebés. Su olor natural es de los más hermosos y reconfortantes que hay sobre la tierra.
  • “No se vaya a acostumbrar” no es un criterio. No te vayas de vacaciones dos semanas, no te vayas a acostumbrar.No camines con muletas porque tengas una esguince, no te vayas a acostumbrar. Los bebés necesitan cosas que pueden no coincidir con tu interés inmediato. Unos meses de tu vida sin que este sea prioridad no van a hacerte más daño del bien que estás dándole a tu cría.

Menstruación, (anti)concepción, embarazo, parto, puerperio y lactancia son procesos de los cuerpos leídos como femeninos que no tienen suficiente espacio social. Se viven desde la sombra, sometidos a la humillación y la violencia del desconocimiento y las falsas creencias.

BASTA.

Hazles hueco en tu vida y el mundo a los úteros que se expanden y contraen, a las tetas que gotean leche, a mujeres, lunas, crías, hormonas…, vulnerabilidades que no son, al fin y al cabo, sino los fluidos y volúmenes en que vive el amor humano.

A la amiga que sufre. Se busca tribu

No es tu culpa. No te enredes en telarañas ajenas, se han tendido con intereses concretos por los que conscientemente nunca votarías. No remes como galeota en la embarcación que nos llevaría si pudiera a los abismos de lo feo y lo ilimitado. Salte de ahí, quítate la ropa, límpiate de miserias de otros, empápate de empatías de otras, mírate. Repasa tu lengua, púlela. Fuera imperativos, perífrasis de obligación. Balancéate en una lengua que te arrulle, que te sea favorable, que te dé calorcito y piel cercana que conforta. Siento, necesito, agradezco, doy, recibo, descanso, descansan. Compañía, comunidad, comadre, cómoda, comida, comfortar.

No es cierto que ya no seas interesante. Cuida lo que lees. Que no haya rabia, que no sea el dios-mercado hablando por letras de mujer.

No es cierto que tengas que forzar el fin de la lactancia para poder volver a ser tú. No hay nada que tendría que estar pasando mientras Pequeña mama porque todo lo grande y lo indispensable que hay en el mundo ya está ocurriendo ahí, entre pezón y boca.

No es cierto que no te comuniques bien con Mayor. Ella te ama y te añora, solo necesita algo de tiempo para expandir el amor más allá de sus contornos.

No es cierto que tengas que ser otra, ni mejor, ni diferente. Solo que como no bailamos a tu alrededor en círculo para recordártelo, se te ha olvidado cómo de grande y bella eres.

Lo único cierto es que faltamos. No es nuestra culpa, pero debemos estar ahí. A ti y a las niñas debemos rodearos, cantaros, escucharos, miraros, mimaros, acariciaros. Vamos de camino, espéranos.