Oración por un cuerpo

Descansa. Descansa, vida.

Fuera los elásticos, las cremalleras, los corchetes, los nudos y los botones. No hay nada que contener ni nada que mantener oculto. Estás en casa. Habitas cuerpo. El aire sabio y limpio de los relatos antiguos está danzando, justo ahora, para ti. Necesitas almohadas, almohadones, las sábanas frescas y limpias o ya suaves y templadas, abrazadoras.

Fuera los libros, los mandos, las llaves, malditas sean las pantallas. Las formas geométricas de los objetos van desapareciendo. Fluye la materia derretida como la lava del fin de una época. Las palabras se funden como en la fragua. Nuevas hechuras mágicas de las cosas y del cuerpo van titilando desnudas y vibrantes para tu mirada.

(Solo sabes cómo eres cuando te miras en el reverso del espejo. Solo podrás conocerte /amarte cuando por fin te mires con la cara oculta de los ojos.)

Todos los conductos de tu cuerpo están en horizontal y poco a poco sueltan la presión que contenían. Líquidos fluyen, se entreveran y se posan.

No hay más ley ni norma que un corazón obstinado y dictador. Que late. Palpita. Golpea. Todo el cuerpo está sometido a la ley del tamtam. Esa es toda la estructura y toda la Historia que necesitas.

Fluidos van. Fluidos vienen. Espuma que corona. Arena que arrastra. Meces tu visión entre las manos hasta que se desgrana y se pierde en la exuberancia soberana de las aguas vivas y arrogantes.

Huele a cabecita que besa un pecho derramante. Huele a ser amamantada por otro cuerpo bendito en descanso. O huele a la gloria de un sexo húmedo que se va enfriando despacio.

Te trasladas a la galaxia para frotarte el alma en leche y astros. Exfolias tu piel de identidades, egos y demandas caducas, que no sirven. Te raspas de los codos y talones los deseos calcificados que no traen fertilidad para ti ni para la tierra. Así, tu superficie se expande y se esponja y absorbe el agua de la lluvia plácida que ha empezado suave a caer, como un ensalmo. Estás descansando, por fin. Haces algo importante: descansas. Has dejado de ser visible, definible, identificable, gustable, seleccionable, parte de nada. Lates.

Estás a salvo.

Estás en la playa. En la buena. La que lava y nutre. Descansa, vida. Descansa.

Carne de desidentidad

Soy abundante, inconveniente y absurda.

(La petulancia estoy en proceso de dejarla. Voy mal.)

Me doy vergüenza la mayoría del tiempo. Necesito hacerlo para saberme orgánica y vigente.

De donde vengo no soy. De donde vivo no soy. Los lugares son relatos que me aburren. Ser es un privilegio que deberíamos dejar de fingir que aún tenemos.

Soy hablada por lenguas varias. Me pone descuartizarlas y exprimirles los jugos genitales.

En relación, soy compañera y soy amiga. No soy hija, sobrina, nieta, maestra ni alumna. (Quisiera ser más hermana.) A mi pesar soy consumidora, ciudadana y usuaria. Pero no soy contacto de facebook ni católica.

Uso el anacoluto mujer para enlazarme con otras y luchar. No lo tengo tan claro con la de madre, la de 99% ni la de pueblo. Estoy empezando a pensar en decir que soy ibérica. O de Carpetania. O que lo sería de no ser más que triste carne sin tono ni diosa vomitada (en el lado de los que expolian) por la maquinaria vil de patriarcocapilandia.

Me gusta bailar, comer, escribherir y poseer libros (que encargo a escondidas de mí misma). Me corro con los s(t)ex(t)os orales/paginales/corporales que (se) dan cuenta de las irregularidades del terreno pantanoso.

Entre las muchas heridas desde las que apenas emerjo, me cuesta el contacto humano. A veces huyo. Abrazo fatal.

Soy un todo con las flores, con el deslumbre, con la fibrosidad de los líquidos y con los cuerpos que laten y ciclan.

Mi afuera  son la normalidad, el consumismo, las verdades inmutables, los procedimientos protocolarios, la ceguera política del homo borregus, los paraguas. Desconfío de la voluntad del individuo como resorte de cohesión social. Prefiero la empatía y las verbenas populares.  Cualquier bebé de horas y cualquier pato saben más de cómo vivir que un medalloso experto.

Interrumpo a la gente de bien, irrumpo en espacios ajenos, (me) hago daño a terceras personas.

Solo quiero (fieramente) palpitar.

Con suerte, tengo un culo bastante resistente.