El vaso de agua

 

Resiste dignamente en un puesto periférico del cuarto

se alza

apenas unos palmos de la mesa

entre plásticos tíquets aparatos

en precario equilibrio, titila

vivo.

Aferra ese vaso de agua con toda la palma entera

siente el cristal frío en el núcleo del deseo

late con él.

Acércalo ahora a tus labios que agonizan

descansa los ojos viejos

y empieza a beberte el agua con todo (lo que sea que haya quedado de) tu cuerpo.

 

agua  y suelta los músculos del rostro

agua y abre el pecho, alivia

agua y manos que con arte flamenquean

agua y tripas reverdean poco a poco

agua y útero tambor y pulpo

agua para tus piernas que regresan

agua rumba berenjena

agua y las plantas de los pies enraizan

en el suelo

sobre el que nadas.

 

2019, y agua.

feliz vuelta al sol en colectiva

feliz vuelta encarnizada a la conciencia.

feliz fluir venga lo que venga lo que vuelva

feliz plenitud en triste

(y orgasmos y calderos y poemas)

te deseo.

 

Oración por un cuerpo

Descansa. Descansa, vida.

Fuera los elásticos, las cremalleras, los corchetes, los nudos y los botones. No hay nada que contener ni nada que mantener oculto. Estás en casa. Habitas cuerpo. El aire sabio y limpio de los relatos antiguos está danzando, justo ahora, para ti. Necesitas almohadas, almohadones, las sábanas frescas y limpias o ya suaves y templadas, abrazadoras.

Fuera los libros, los mandos, las llaves, malditas sean las pantallas. Las formas geométricas de los objetos van desapareciendo. Fluye la materia derretida como la lava del fin de una época. Las palabras se funden como en la fragua. Nuevas hechuras mágicas de las cosas y del cuerpo van titilando desnudas y vibrantes para tu mirada.

(Solo sabes cómo eres cuando te miras en el reverso del espejo. Solo podrás conocerte /amarte cuando por fin te mires con la cara oculta de los ojos.)

Todos los conductos de tu cuerpo están en horizontal y poco a poco sueltan la presión que contenían. Líquidos fluyen, se entreveran y se posan.

No hay más ley ni norma que un corazón obstinado y dictador. Que late. Palpita. Golpea. Todo el cuerpo está sometido a la ley del tamtam. Esa es toda la estructura y toda la Historia que necesitas.

Fluidos van. Fluidos vienen. Espuma que corona. Arena que arrastra. Meces tu visión entre las manos hasta que se desgrana y se pierde en la exuberancia soberana de las aguas vivas y arrogantes.

Huele a cabecita que besa un pecho derramante. Huele a ser amamantada por otro cuerpo bendito en descanso. O huele a la gloria de un sexo húmedo que se va enfriando despacio.

Te trasladas a la galaxia para frotarte el alma en leche y astros. Exfolias tu piel de identidades, egos y demandas caducas, que no sirven. Te raspas de los codos y talones los deseos calcificados que no traen fertilidad para ti ni para la tierra. Así, tu superficie se expande y se esponja y absorbe el agua de la lluvia plácida que ha empezado suave a caer, como un ensalmo. Estás descansando, por fin. Haces algo importante: descansas. Has dejado de ser visible, definible, identificable, gustable, seleccionable, parte de nada. Lates.

Estás a salvo.

Estás en la playa. En la buena. La que lava y nutre. Descansa, vida. Descansa.