Pan y puchero

 

Los sábados siempre los pasábamos en su casa. Y los domingos. No nos perdíamos ni un cumpleaños, ni un santo, ni un santo tomás de aquino. Allí frente al timbre nos tenían con un regalo superfluo y probablemente feotriste elegido a toda prisa en cualquier tienda. Nuestro tiempo de expansión vital, me enseñasteis, era para ser vivido en los términos de otros.  Allí siempre que íbamos, para comer bien, decíais. Nuestra casa era solo una estación sucia de paso para los días de espera entre ir y volver de la de los abuelos. Un hogar siempre temporal y descuidado el nuestro: un hogar sin hogar, sin pan, y sin puchero.

Pan y puchero. Pan y puchero.

Pan y puchero pide el agujero del vientre cuando asedia la tristeza. Venderte por un puñado de garbanzos es el lujo que te has podido dar en esta vida. Tú misma definiste tu valor.

Tienes la sombra de cuerpo acurrucada en torno al vacío que a ti te dejara ella. Pasas el suspiro de la existencia aferrada al no cuerpo de una madre que no fue. Has hecho de ti misma un no cuerpo de una madre que no es.

Al menos así comeremos caliente, dices siempre. Cuando encontramos mesa libre en el bar. Cuando sacas de la nevera el producto que entre plásticos viene listo para meter en el microondas. Y me da vergüenza e ira. Vergüenza de que seas capaz de hablar carencia desde la absurda riqueza y derroche material en que chapoteas.

Ya ni siquiera me hace falta que te mueras. Tú no has vivido. Eres el aire. Tu relato de mezquindad y reverencia se me desintegró en la sangre que ahora circula depurada, volviéndose carne para el cuerpo de otro cuento.

Y es que yo no doy pasos ya si no es para levantar polvo de la corteza de la tierra.

Ahora sí. Ya no me dueles. Chao, tía. Que et vagi bé.

En los pozos del petróleo

Hoy, Montaña-golondrina desembarca en Playa Medusa y hace un molde de palabras de su tripa abierta en canal. (Vuelve siempre que quieras a tu playa a descansar, hermana.)

 

Premen día 26. 16 de mayo del 2018

Y te espero y te espero.

Mientras, me espero.

Entre lágrimas y aullidos que desgarran mi garganta.

Y puñetazos que procuro sean en blando, porque el dolor de manos lo recuerdo.

Aunque no recuerdo el dolor de no sabernos.

De perdernos en un rato que resulta infinito,

Como el símbolo de nuestras muñecas, esas que sostienen la cuerda que cada vez es más larga.

El temor a que se rompa me persigue. Me asalta cuando oigo su nombre.

Se me desgarran las heridas que nacen del cierre de mi ombligo.

Ese que aun late entre la agonía que supone un trozo de carne que se pudre desde hace 33.

33 años por muchos kilómetros y dividido en 2.

Uno pareció que se acortaba, aunque en realidad era porque el otro se alargaba.

Unida a ti y a tu escucha, revelando-me-nos en palabras anticipadas.

Tanto se ha alargado que pareciera que cualquier rama de esta primavera tan oscura,

pudiera cortarlo.

Me declaro adicta a vosotras, mis dos Íes, porque habéis sido mi único alimento.

Ahora sumo otras dos que aligeran el peso de mi alma. También una B en la que reposo.

No es que tenga más problemas ni más heridas que vosotras.

Solo que gestionarlas, me cuesta esa misma vida que me dais.

Y veces, cuando resta más de lo que sumo, desaparezco en el intento de intentar sostenerme por mi misma.

Sin cordones, volando libre como mi nombre augura. Aunque sin saber hacerlo aún.

Nombre de esperanza, de utopía, de oxímoron con mi personalidad catastrofista.

Siempre volvería al nido, eso sí. Y aquí sigo, en un nido pelado que me mastica.

Entre estas cuatro paredes en las que me creo crear,

Y en la que a ratos, solo clavo la propia tumba de mi soledad.

Y te espero. Espero esa llamada en la que me digas que has encontrado la empatía.

Esa que no estas siendo responsable en perder cuando su nombre asoma.

Me quedo sola, no habrá alimento desde cordones putrefactos o cuerdas infinitas.

Solo pienso en el pasado. Ahora no hay futuro,

y el presente ha salido volando en el intento de meditación de hace un rato.

Exceso de empatía, darme a las demás para existir, saberme existir únicamente así.

Esa es mi perdición, donde llevo años en bucle dando vueltas,

Y no en cíclico como me hago creer.

Soy el círculo doble cerrado. Entretejido entre el cordón putrefacto y la cuerda infinita.

El humo me alivia y es el único alimento que se darme cuando habito desde los pozos de petróleo.

Las palabras me crean adicción, cuando en ellas busco incesante una frase que me diga.

Me veo reflejada en el fondo de pantalla, tan triste como la niña no alimentada que fui.

Cuando el teclear deja de salvarme, sé que ya solo me queda rendirme.

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(Dibujo realizado con sangre de mi parto)

criatura abisal

Qué hacer cuando te late vida en el vientre en un régimen de vida perseguida
Calla
El pálpito es disidencia que castigan
Con silencio alambrada vértigo

Qué hacer cuando la cama está toda meada
Tú pendes de unas pobres palabras para salvarte
Pero no puedes escribirlas porque teta

Qué hacer cuando ya rompiste los diques que quedaban
Ya es imposible que sigas
Las instrucciones
Del ejercicio
Y te suspenden (cuelgas), lista

Qué hacer cuando estamos en dos sintonías diferentes
Tu incomprensión es un tormento gota a gota
Pero necesito que estés
Pero me mueres
Pero no te vayas
Pero el miedo
Pero emanas calor
Pero das frío
Pero panic attack

calambre

Qué hacer cuando eres algo entre un verso y un molusco viviendo en un catálogo del mediamarkt
Cuando eres arrojada a lo vivo por un parto
Mientras tu entorno sigue dinámicas de muerte
Cuando tienes que curar a las otras iniciadas
Pero tu herida sangra a gritos sin sutura

Menos mal que existen las hermanas
Si no existieran esas hermanas que digo
Que forman en paralelo a mi cuerpo un poema estrafalario
Yo ya no figuraría en el catálogo

criatura abisal fuera de stock

pulpa de agua marina/lacustre

cuajada en una expresión dudosa

de inconsistencia gramatical bivalva

 

Otoño

Nos deseo un otoño a nuestras anchas.

Me gusta el otoño porque hace que haya que ponerle más energía para preservar la vida.

Es necesario cuidar los bienes sociales, espirituales, materiales para que no se enfríen, para que no desaparezcan. Hay que cuidar los cuerpos y devolverles así su naturaleza de materia. Las hojas mustias que esponjan el terreno se vuelven cuestiones clave de la (nuestra) filosofía.

El otoño abre una brecha de oportunidad para que el tiempo y las acciones recuperen su dignidad, su ritmo vital.

Nos deseo un otoño de vida genuina, vivible, compartida. Vida feroz. Vida en común. Que no nos la meen desde arriba, que logremos ser.

Nos deseo un otoño sin bolsas de plástico, pero con cáscaras de castaña en las suelas de goma mojadas. Con un poco menos de todo, y con vino templado. Y clavo y canela.

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El tiempo de Atreyu

IMG_0393El tiempo de Atreyu es el tiempo de los niños y de la poesía.

Es necesidad limpia de conexión. Sin ruido. Shhh. Con piel.

Es el estallido final de lo semántico en mil piezas que significan más allá de lo que puede ser comprendido.

Yo, que te paro y te cuido, soy la máxima expresión de estar. Tú, hijo mío, con tus urgencias, eres la total y ardiente expresión de ser. Juntos formamos el conflicto conceptual más antiguo. Está escrito en nuestros cuerpos, que son cuerpos comunicantes y líquidos. Somos un dique abierto de verdad majestuosa.

Yo, texto manchado de gasolina y vino, transmuto en una redención de leche que cuidaré con apoyo de la poesía (guardiana sobria de nuestra carne pulsátil frente a la industria feroz).

Yo escribo para ti, Atreyu, y a tu través, para asegurarme de que siga habiendo algo por lo que la vida merezca ser vivida, para asegurarme de que sigues latiendo todavía.

Enseguida le dieron una pastilla

Habían matado a su hermana

A su hija

Porque se olvidaron de hacer no sé qué pruebas

Entonces

enseguida

le dieron una pastilla.

Ni siquiera le permitieron dar el grito

El grito desgarrador

El que rompe el silencio con su vibración letal

El que hace que ya nada sea como era antes

Seguirían muriendo.

Estremecimiento

tengo miedo

de la opresión que busca venganza

de la ceguera

bombas hostias rajar desgarro alarido herir

 

Porque todas las personas son hijas

Todas tienen un postre favorito

Nada explica matar