Politisía

Escríbeme un texto corto, conciso, no tengo tiempo para leer mucho y quiero llevarme lo máximo a cambio de lo mínimo. Suena a anuncio de supermercado, pero no es eso, es que en este sistema caníbal tanto trabajo sordo ya no me deja tiempo más que para vivir a cápsulas.

El texto ha de encontrarse en la intersección entre la política y la poesía. Exactamente en el centro, bailando. Que esté jugoso y rebose lírica pero al mismo tiempo ofrezca la consistencia de una bala de caucho. Y que apunte directo al ojo de la opresión que nos amansa. Debe hacer estallar neuronas encabritadas como palomitas de maiz en un cazo.

Poesía por lo condensado de sus palabras-perla, que lleven en sí el salitre de muchos mares hecho costra. O por diseccionar fósiles marinos para desnudarlos poco a poco de capas de sensualidad difuminada. Y política… pues porque estamos en guerra, porque nos matan, reprimen y silencian. Porque el privilegio de estar vivas, trabajar y consumir que tenemos no es sino una autopista de cera bajo el sol, que ya se funde.

En el germen bivalvo membranoso donde nace el primer grito, donde florece la carne delgada de la palabra, allí, en la playa de la medusa, politisía.

Dolor explicado

Traemos al mundo y criamos a la infancia de forma irresponsable. Maltratamos a la gente pequeña, la humillamos, le inculcamos moral de esclavo y pánico al abandono, no la aceptamos como es ni le damos espacio y tiempo para autorregularse. La deshumanizamos. La destrozamos.

Educamos en desigualdad estructural, violencia patriarcal y racismo. Mojamos las madalenas del desayuno en posverdad cada mañana. Dejamos el velo sin rasgar, vivir el día a día en esta realidad es aprender a comulgar con ruedas de molino y hacer como si tal cosa. Nada podrá justificar nunca que los gobiernos ignoren la pobreza infantil. No habrá perdón para el abandono de la gente refugiada y migrante. Vivimos en estados asesinos.

Toda nuestra existencia se basa en hacer como si hubiera un otro al que colonizar/del que defenderse, pero es que cada vez menos hay un nosotros. No hay familia, no hay barrio, no hay sino individualidad consumista. Todo lo colectivo ha sido privatizado y monetarizado. Lo que creemos que es vida social, festividad, cariño… es solo el rédito del interés de algún inversor. Por ejemplo, de nosotros mismos rentabilizando nuestro capital social.

Tenemos miedo a ser porque no nos sostenemos a nosotros mismos y los medios de comunicación nos revientan la mente a pánico. Nos aferramos a mitos cualesquiera porque no tenemos conocimiento auténtico (lo secuestraron) ni sensación de control (vulnerabilidad aprendida). El mal que fabrican los media nos calma, porque nos recuerda que esos estereotipos sobre el otro que habíamos aprendido de una crianza y una educación negligentes son verdaderos. Es verdad que hay un otro y es malo y viene a por mí, ergo, yo, que no sé muy bien quién soy ni qué deseo, soy bueno. Apañada lógica binaria.

Y así se nos pasa la vida.

Me duele mucho. En esta maquinaria de explotación y tortura que habitamos, no sé cómo colocar el profundo amor puerperal en carne viva del que estoy transida.