Cosas que he aprendido en los primeros meses de la personita

 

  • Para criar hacen falta un trapo o fular elástico, alguna ropilla usada, un aceite orgánico que tengas, tijeras de uñas de bebé y un montón de pañales. (Y biberones y leche si es el caso.) Nada más. Aparte de tiempo (¡una baja de mapaternidad en condiciones!), cuerpo y más gente ayudando alrededor.

(Cunas, cucos, nidos, moiseses, mochilas, carritos, parques, gimnasios, chupetes, portachupetes, trapitos, toquillas, sillitas, sonajeros, mordedores, toallitas bordadas, peluches, sabanitas, cremas, aceites de bebé, walki-talkies, ropa y sujetadores de lactancia… todo márquetin. Nada es necesario a priori ni cargarse de estas cosas ayuda, solo agobia. No debíamos tener listas de ajuares ni comprar nada antes de la llegada del bebé, solo hacernos con cosas cuando por lo que sea se ve que alguna hace falta.)

  • Que después de parir  o criando un bebé chiquitito te vengan a ver y te traigan bodis pijos y juguetes caros sobra. Regalos que sí harían ilusión: masajes, vales por una limpieza de la casa, bolsas de la compra llenas…

 

  • Los bebés quieren (me atrevo a decir que necesitan) estar EN personas. No en cosas, no en cajas, en personas. (Y no necesariamente en la madre/cuidadora 1, eso solo cuando están muy cansados o nerviosos.)

 

  • Los bebés quieren/necesitan hacer lo que hacen las personas grandes y eso incluye querer coger lo que tenemos en las manos. Es lógico, tienen que imitarnos para crecer en sociedad. Sigue siendo molesto, a veces, pero mucho menos si no te lo tomas como algo personal y lo comprendes

 

  • La personita hace las cosas que hace (revolcarse, balbucear, agarrar…) porque puede. Y cuanto más puede, más hace. No hay intención, repito, hace cosas porque puede hacerlas. Mmm, ¿a qué me recuerda esto?

 

  • Juegan con cucharas de palo, camisetas usadas y envoltorios de plástico. No con esos juguetes tan caros y brillantes que te han traído las visitas

 

  • Los bebés no son criaturas gritonas, hediondas e incomprensibles envueltas en telas y metidas en cajas. Son cuerpecitos dulces y calientes que se acurrucan contra el tuyo

 

  • Huelen muy rico. No a la colonia de bebés.

 

  • Eso sí, desde el día 0 también roncan, les huelen los pies, eructan como si llevaran dos cervezas de lata seguidas, pero…

 

  • …hasta que no empiezan a comer normal, ¡las heces no huelen nada!

 

  • Mucha gente (y quiero decir mucha, incluyendo espontáneos callejeros, prepúberes y fuerzas de seguridad del estado) considera que tu trabajo como criante, por el que te paga un gobierno escandinavo durante doce meses, ha de ser sometido al escrutinio público. Por eso oyes comentarios de todo signo sobre crianza emitidos por cualquiera, desde quien ha criado hace décadas a quien no ha criado nunca ni lo va a hacer. Es cuestión de días ya que me ponga yo a hacerles comentarios sobre cómo deben desenvolverse en su empleo… ¿o es que acaso lo que se espera de mí es asumir que como mujer puedo ser cuestionada y punto?

 

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