¿Ponerse las gafas o quitarse la venda?

La extendida expresión “ponerse las gafas violeta” simboliza gráficamente la nueva visión que una persona adquiere sobre el fenómeno social del género al aprenderlo, y da mucho juego para el activismo y la pedagogía. Cuando una o uno lleva las lentes progresivas del feminismo, ve realidades que claman al cielo y que antes formaban parte de la compacta masa de “lo normal” y nunca había cuestionado. Desde la cruenta representación de los cuerpos de las mujeres en los medios hasta el desigual reparto del trabajo por géneros en colectivos sociales, pasando por la cena de nochebuena y esos cuñados rascabraguetas mano sobre mano así llueva o nieve.

Las gafas hay que ponérselas, es decir, son un añadir, un hacia adelante, y hay que empezar a tenerlas. Como objeto, representan un despertar, una formación, un input feminista que recibimos o bien porque tenemos la suerte de encontrarnos una compañera que nos pase el relevo o bien porque nos ponemos a bichear por la red a partir de alguna experiencia personal. Sirven para comenzar, y nos las prescriben o construimos solas cuando aparecen dioptrías de normalización de lo opresivo en el diagnóstico oftalmológico.

Sin embargo, ante la imponente violencia de lo patriarcal en todo su esplendor, desplegada por las esferas que conforman la vida e incrustada en los tejidos entrañales de nuestro cuerpo, más que encajarse aditamentos que corrijan la mirada, lo que hay que hacer es quitarse arena de los ojos: descorrer velos, rasgar sobres clasificados, limar barrotes, desmontar paisajes mentales que creíamos “lo normal” para darnos cuenta de que lo que nos han dado por “sociedad” es en realidad “violencia”, lo que nos han pedido que hagamos para “vivir” era en realidad para “someternos”.

Pongámonos las gafas para aprender a quitarnos las vendas. Hay que desmontarlo todo y sacarnos al pulpo patrix de entre los órganos vitales. Desde cómo te tratas y te dices, tu cuerpo y tu lengua, a como te relacionas y con quién, qué espacio público ocupas, qué haces y qué no haces, qué credibilidad te das y cómo miras a las otras, si exiges tu pan y tu sal, si sabes darte placer, si reivindicas caminando un camino a la medida de tus pasos.

 

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