Alterar para resistir

Estoy dándole vueltas al apropiacionismo cultural (la utilización de elementos específicos de otra cultura por parte de la occidental, despojándolos de su significado original, banalizándolos) como fenómeno colonial que manufactura y refuerza estereotipos y dispositivos de opresión. Lees artículos sobre el fenómeno, y determinas abominar de él. Sin embargo… ¿el hecho de que como occidental prefieras en tu atuendo, adorno, hogar, etc. -los artefactos mediante los que te expresas-, elementos originales de una cultura en que no has nacido es, necesariamente, apropiacionismo?

¿Qué es lo contrario, pues? ¿Debemos elegir solo productos occidentales, españoles, europeos, anglosajones o anglosajonizados, para ser coherentes con nuestra procedencia contextual? ¿Y si no nos llevamos bien con ella? ¿Se puede expresar la crítica a la deriva actual de nuestro rincón del mundo llevando cagaos en vez de vaqueros? ¿O es eso abrir nuevos mercados, nichos, tumbas, como sea que se le llame?

Cualquier elemento que no emane del sistema de producción y consumo es susceptible de ser adoptado por este y resemantizado como capitalista. Vestirme de forma antizara, ahora  también lo puedo hacer en zara. Ni qué decir del Ché Guevara. Y esas camis feministas del hache eme. Ay. Organizamos rebeliones a través de dispositivos y redes que son mercancía que nos podemos permitir. Consumimos resistencias, pagamos por la ilusión de no tragar la medicina de la que ya, básicamente, estamos hechas.

¿Significa esto que no hay esperanza, que se haga lo que sea haga se capitalistizará y que no habrá quien nos descapitalistice? Quizás no haya espacio para las alternativas, pero intuyo sí lo hay para las alteraciones. Alteradas y alterando, al menos, abramos brechas. Yo que sé.